sábado, 20 de octubre de 2012
Apego
Óleo de Raúl Tamarit
Amigo, eres tan real y te quiero....
es imposible no sentir el latir de tu frágil corazón.
Es una maldición hermosa que reposa en mi alma,
y derrama innumerables pétalos violetas sobre mi piel tan agria.
Mi mente ansía ensombrecer tu recuerdo…
pero todo es tan imposible, porque más a ti me aferro.
Tu contacto…la límpida humanidad que humedece tus palabras,
Es como escarcha de sal para mi insipidez amarga.
Estas tan ausente en el vacío de una memoria física,
sin embargo, no necesito verte para saber que sientes.
Basta con atrapar el suspiro que mueve tus dudas,
y suplicar al espíritu que devuelve tu calma.
Todo en nosotros es tan simplemente puro y eterno,
Y siento tu presencia tan ajena a sus miedos.
He dilucidado la tibia esencia que mueve tus sueños,
me he sentenciado dulcemente a estar perdida en ellos.
Huella, Daily Jara©
19-10-2012
Angélica
"Niña con bicicleta y sombrilla" , óleo de Sandra Suarez
Se levantó como todos los días.
Se vistió, tomó su desayuno y emprendió el viaje hacia su trabajo.
Lo esperaba un nuevo día de tediosa rutina.
Era verano, el clima agobiante afuera. Durante la noche había llovido y ahora el sol implacable levantaba todo el vapor de los charcos tocados por sus rayos.
La gente caminaba apresurada, todos con caras que en nada reflejaban alegría.
La ciudad despertaba, los vehículos aumentaban en cantidad y todo eso lo agobiaba aún más.
Llego a su oficina, revisó una montaña de papeles, acomodó carpetas, atendió llamadas. Eso era lo que hacía día tras día.
En un momento giró la vista sin mirar y sus ojos se toparon con un marco, en el la foto de una niña le sonreía.
Lo tomó, observó detenidamente el retrato, lo acarició con la punta de su dedo y se le dibujó una tierna sonrisa, seguida por una lágrima que brotó de sus ojos y se deslizó suave por su rostro.
Recordó todos esos momentos vividos.
Sus juegos en la plaza, los paseos, los cuentos que le contaba antes de ir a dormir.
Todos se agolparon en su mente queriendo salir.
Recordó el momento exacto en que la perdió.
Ella en su bicicleta rosa, su cabello negro y lacio, su jardinero a cuadros, le sonreía y lo llamaba.
- ¡Papá, papá, puedo andar sola en bicicleta!
- ¡Te veo hija, te veo! – contestaba él mientras ambos se regalaban la más tierna de las miradas.
Maldijo en voz alta el momento en que le regaló la bicicleta, el momento en que la llevó a la plaza para que aprendiera a usarla, el momento en que se distrajo y todo ocurrió.
Sus lágrimas ahora corrían de prisa por su rostro, su corazón volvió a partirse en mil pedazos.
Sintió que la oficina se achicaba hasta aplastarlo, sensación de asfixia, tengo que salir de acá, se dijo.
Tomó apresurado su saco, abrazó el portarretratos y partió.
Caminó sin ver, sin saber pero sabiendo a donde iba.
Caminó sin cansarse, no sentía sus piernas, tropezaba con la gente y seguía.
Llegó al lugar, nunca había podido ir allí, ni siquiera sabía el lugar exacto en el que estaba, pero sintió como una mano suavemente lo empujaba.
Se detuvo.
Como si hubiese sido un designio dado por los padres leyó el nombre grabado en la piedra, Angélica.
Se arrodilló. Las únicas palabras que pudo pronunciar fueron – perdón hija, perdón por no haberte cuidado como debía.
Sintió una suave caricia en su cabeza.
- Papá, no fue tu culpa – escucho clara la voz de su hija.
- ¡Hija, Angélica!, ¿Dónde estás? – sobresaltado preguntó.
- Papá, aunque no me veas yo siempre estaré con vos, estoy en tu corazón.
- Hija, ¡te quiero!.
- ¡Yo también papá!, y estoy, estoy acá y en todos los lugares que estés por siempre.
Mafiqui
viernes, 19 de octubre de 2012
Lucidez de la nostalgia
"En el espejo", óleo de Pedro Texeira
Hace tiempo que he dejado de sentirme viva,
tantos miedos de resignación triste duermen en mi piel,
las realidades ensombrecen y se distorsionan en mi mente
derramando su oscuridad en la zona de la nostalgia,
allí donde el peligro de los limites se derrocha,
y se derrocha en lluvias de lágrimas.
A veces ya no me siento mujer...
Simplemente porque esa blanca idealidad de sueños,
existe solo en las mentes puras y santas.
La perfección habita en las almas incorruptibles
guardadas en los lugares celestiales,
y yo al final soy tan oscura y frágil...
Pero tú me haces sentir completa,
despiertas dentro de mi corazón
la sensación violeta del alma enamorada,
tan llena de polvos traslúcidos y esperanzas.
Y te cuido...
Te aferro a mí con la fuerza de las palabras,
y no quiero perderte...
la sensación del olvido duele y es innecesaria,
mejor recoger tu corazón tan quebradizo con ternura,
uniendo tu desnuda esencia de alma pura a mi alma.
Huella, Daily Jara©
10-10-2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
Huella musical
Que es esta fuerza que late dentro de mí
yo no la pido, pero ella está allí.
Rasgando mi alma de sensaciones agrias,
bañando con notas, mi sentir.
Ya no me atrevo a luchar la vida,
sin embargo prosigo sin mirar atrás.
Mis pasos me llevan a un destino incierto,
cuanto me cuesta, pero hay que seguir.
CORO
Músicaaaaa se mi aliada en el sufrir
Músicaaaaa cobíjame al vivir.
Huella, 2012
Mudez
«Silencio», óleo de Alfredo Ginocchio
Me ocultas música...
me llevas a la perfecta cautividad de tus sonidos,
ese cuerpo abstracto, enajenado del mundo y su caos.
Entro en ti, y ya no puedo hablar, solo sentir...
Me arrastras a una desvalida condición,
es tu niebla de realidades húmedas que me rodean,
que me alejan....
Quisiera encontrarme...
ejercer mi libertad soberbia de hablar, pero no puedo...
la sensación maldita del sentimiento, me secuestra la voz
y tan solo anhelo cobijarme en ti.
Entonces anhelo un abrazo urgente,
una paz de sueños que me salve....
que me recupere....
Un calor extraño, tan humano, que me indique la puerta,
por donde salirme de este universo de muerte.
Huella, Daily Jara ©
04-10-2012
Mi alma
La edad la determina el alma. Sí, esa es mi convicción.
¿Quién puede decirnos si somos jóvenes o viejos?
Es que ¿existe un parámetro para medirnos?
Creo que no. Si se guían por el cuerpo cansado de arrastrar el dolor y los malos momentos de la vida pues bien, ahí sí, me declaro mayor. Pero si se guían por el alma, ahí no, mi alma quiere seguir viviendo y por mucho tiempo más. Es que ella perdió el tiempo padeciendo algunos dolores y está empecinada en mantenerse joven.
Ella es atemporal y puede manejar su plan como más le guste. Yo la dejo que sea libre, ya pasó el tiempo de ser alma apenada, dominada por el dolor, con su mueca de tristeza, con los ojos cansados de llorar.
En esa región del alma, ahora deja que el sufrimiento la invada por momentos nada más, pero no le da tiempo a que se le instale del todo y cuando siente que la invade, corre presurosa a buscar consuelo y lo encuentra en un mínimo afecto, una sonrisa que roba por allí, una mínima caricia, un suave beso. Eso es suficiente para ella y si la pena es más profunda la transforma en palabras, palabras que quedan marcadas en el papel como una forma de descarga y es así que mi alma, mi espíritu sigue siendo joven y mi cuerpo solamente sirve para transportarla. Llevarla por ahí a descubrir todas las almas de las cosas y de la gente linda que la rodean.
Mafiqui
martes, 16 de octubre de 2012
Alma del bosque
Caminando, en un camino de tierra, sin sentido ni rumbo fijo, sin tiempo, sin saber si era real o imaginario, zigzagueando por un bosque oscuro. Grandes árboles alrededor, la luz apenas podía traspasar sus copas y se metía con sacrificio entre las hojas. Era difícil poder orientarse en el lugar, simplemente quedaba seguir el camino marcado y andar.
El aire se sentía pesado, olor a tristeza y humedad, las hojas y ramas crujían con los pasos y junto al sonido del viento en las copas eran los únicos que se podían escuchar.
Sombras negras en un paisaje negro, no se podía encontrar allí una salida, todo era bosque y al caminar hacia su corazón todo se volvía mas lúgubre, el aire era irrespirable, en su mismo centro.
Sentada en ese suelo húmedo, alfombrado de hojas y musgos, apoyada en un tronco áspero que se hacía sentir en la espalda, una figura allí estaba, los ojos cerrados, no se sabía si durmiendo o pensando. Una figura negra que se confundía con las sombras del bosque.
A lo lejos, una pequeña luz, muy despacio se acercaba, una luz blanca y brillante y a su paso el paisaje cambiaba.
Poco a poco, y a medida que avanzaba, la luz tomaba forma humana.
Una figura blanca a la figura negra lentamente se acerca. Extiende su mano y acaricia apenas rozando su cabeza.
La figura negra, ahora despierta, se incorpora y ambos se funden en un abrazo que a todo el bosque transforma, la luz ahora es plena, se siente como si arriba se hubiese disipado una gran tormenta.
El bosque escuro cambia totalmente, el aire ahora es puro, los rayos de sol pasan libres entre las copas y con las hojas juegan, el suelo se transforma en una verde alfombra y los pájaros tranquilos vuelven a los nidos.
La paz, la calma, el color y todo lo bello a ese oscuro bosque regresan de la mano de una caricia que simplemente rozó una cabeza, como un pequeño toque al alma de ese bosque tan negro.
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