martes, 29 de enero de 2013
martes, 15 de enero de 2013
¿Qué hago si tanto te siento?
No sé qué hacer con este sentimiento, el solo pensarte hace temblar cada milímetro de mi cuerpo.
Te pienso y te siento tan cerca de mí, tan pegado a mí,aun cuando mi cabeza sabe que estas muy lejos.
Tu simple hola en las mañanas es suficiente para hacer mi día mejor.
El saber que estas ahí conectado del otro lado es mi más dulce compañía en mis solitarios momentos.
Y me imagino que estas acá, sentado junto a mi y ese es mi más grato sueño.
Si yo tuviera una mínima posibilidad, si pudiera pedir un deseo, sería el de pasar un momento, uno solo a tu lado para así poder quedar impregnada de vos y tenerte más completo en mi y de esa manera dejarte tatuado en todo mi cuerpo.
Imagino ese momento y mi deseo es infinito si tan solo se me pudiera cumplir ese sueño sé que sería la mujer más feliz.
Y me duele la situación en la que estoy, el no poder expresar abiertamente lo que siento, el no poder hacer que sepan que soy feliz cada vez que te veo.
La vida caprichosamente nos juega malas pasadas y yo quizás en otro momento la habría dejado pasar pero algo en vos me hace no poder pensar y me lleva a solamente a sentir y sentirte de esta grata forma en que te siento.
Solamente, sé ahora que te quiero y no quiero dejarte y no quiero perderte y quiero guardar todo este sentimiento en el silencio de mi corazón, en las imaginarias caricias que le das a mi cuerpo.
Mafiqui
Un agradecimiento especial a Perezcuper del blog http://unapantallaviva.blogspot.com.ar/ por la realización de este video. ¡¡¡¡¡Muchas gracias Perez!!!!!
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Estoicismo
Por ti anhelaré incansablemente la vida,
eres mi hijo amado, la luz que me guía.
Buscaré tu fortaleza, ajena a tu herida,
te formaré valiente como quien de frente mira.
Nunca agotaré el esfuerzo de cuidarte,
así mi cuerpo se resista al cansancio.
Rogaré un impulso nuevo al levantarte,
obraré con paciencia sin desánimo.
Eres mi hijo, y no importa tu padecimiento,
seguiremos adelante luchando sin retroceso.
No daremos lugar a quejas inútiles y tormentos,
apartaremos la lástima, seguiremos resistiendo.
Me siento firme en esta meta de la vida,
soy feliz al ser tu madre que te cuida.
Y eres fruto de un amor que no se rinde,
testimonio en carne de una lucha sin caídas.
Huella
HECTOR EN LA VEREDA
Se escuchaba el sonido en la vereda.
- Ahí salió Héctor – Decíamos.
Ahí estabas, recorriendo la cuadra en tu silla de ruedas.
Todos te saludaban y vos respondías esos saludos a tu manera, haciendo comentarios y gestos que todos ya entendíamos. Te detenías en cada casa en la que había gente afuera. Todos te conocían, vos habías nacido y te habías criado allí.
El sonido de las ruedas resonaban durante el día al igual que el sonido de tus palabras que salían de tu garganta de la forma que vos podías expresarlas.
Los que te conocíamos podíamos saber que significaban esos gestos y sonidos.
Sentada en una silla en la vereda de la casa, bajo un enorme paraíso, se encontraba tu madre que desde allí te vigilaba.
Recorrías esa cuadra una y otra vez, impulsado por una pierna, la que no había sido afectada y vos podías dominar muy bien.
Hacías incansablemente el mismo recorrido ida y vuelta varias veces y si encontrabas a alguien volvías hasta donde estaba tu madre y moviendo tu brazo, haciendo gestos y emitiendo sonidos le contabas lo que habías visto, con quien habías estado. Tu madre pacientemente te escuchaba y mantenían un fluido dialogo.
De niña te veía, hablaba con vos y nos seguías en nuestros juegos.
De adulta, tu madre me conto tu historia:
- Nadie nunca me explicó que pasó. Solamente me lo entregaron y me dijeron señora su hijo nació con parálisis cerebral, no vivirá muchos años y aun no sabemos que tiene afectado. – Sus ojos se llenaron de lágrimas y continuó diciéndome – Yo no sé qué será de él si nosotros nos vamos antes. Nadie lo va a querer cuidar.
Yo no supe que responder ante eso, ¿había alguna respuesta posible para calmarla? No lo sé.
Los años pasaron, ya sos adulto y la última vez que te vi ya pintabas canas.
Alguien ahora empujaba tu silla y por momentos vos con tu pierna te impulsabas. Siempre con una gran sonrisa saludando aquí y allá.
Tu padre ya se marchó pero tu madre te sigue acompañando y yo la admiro en silencio, su vida no fue fácil y ahora ella también enfrenta su propia enfermedad, pero a pesar de eso contináa adelante con todo su amor hacia vos.
Así, aun hoy, después de los años puede verse en la vereda de ese barrio a un hombre que con una pierna empuja su silla de ruedas de aquí para allá y una mujer delgada, con la marca de los años y la enfermedad, en una silla sentada pacientemente lo vigila.
Un pequeño homenaje a Héctor, quien padece parálisis cerebral que le afecto la movilidad de la mitad de su cuerpo y el habla, pero que a pesar de eso siguió adelante dándose a entender, siendo independiente en su silla de ruedas a su manera.
Un homenaje también para una madre y todo el sacrificio para atender a su hijo, mas allá del amor, ella debía estar las veinticuatro horas para él, bañarlo, darle de comer, cambiarlo, alzarlo no es tarea fácil ni aun cuando el amor es el de una madre.
Y un llamado a quienes están a cargo de la ayuda a discapacitados, Héctor nunca pudo recibir la ayuda en rehabilitación que necesitaba simplemente porque sus padres carecían del dinero suficiente. Su silla de ruedas no era la recomendada pero era la única que se pudo conseguir mediante una donación. Alguien debe hacerse cargo de todas las necesidades de todos los Héctor que merecen una mejor calidad de vida.
Mafiqui
jueves, 29 de noviembre de 2012
RTE: MANUELA Y ANDRES
Al fondo de un callejón angosto divisó una tenue luz. Se acercó despacio y temerosa ante ese lugar desconocido.
Desde afuera vio el interior de un pequeño bar. Un viejo mostrador de madera finamente tallado. En la pared de atrás un gran espejo era el centro de repisas con bebidas. Había unas pequeñas mesas con sillas tapizadas en rojo. La luz tenue provenía de unas arañas que colgaban del techo.
Se sentía acogedor allí, por lo menos seria más confortable que afuera bajo la lluvia.
Entró despacio, una campanilla sonó cuando abrió la puerta.
Se acercó al mostrador y preguntó por Andrés.
- Allí está – le dijo el hombre haciendo un movimiento con la cabeza hacia un rincón.
- Gracias – le contestó Manuela
Se dirigió despacio hacia el rincón. Allí había un hombre sentado de espaldas con una taza de café frente a él. Se quedó parada observándolo por un momento.
Sentía una extraña sensación, mezcla de sentimientos.
Cuando al fin logró hablar:
- Hola, ¿vos sos…?
El giró su cabeza, la miró a los ojos
-Si vos sos Manuela, sí, yo soy Andrés.
- Sí, soy Manuela
Se puso de pie frente a Manuela y se recorrieron mutuamente con la mirada sin pronunciar palabra, tratando de reconocerse, en verdad si se conocían, pero no así. Conocían solo su interior, sus letras dibujadas en un papel de carta.
Conocían sus formas de ser, de pensar, ambos tenían fotos del otro. Pero ahora no había palabras sino un cruce de miradas.
Andrés reconoció sus labios, esos que ella le estampaba cuando le escribía.
Manuela aspiró hondo y se llenó del perfume que había viajado impregnado en el papel.
Al final, se fundieron en un profundo y prolongado abrazo, el primero luego de un año.
El mozo se acercó con el café, Manuela lo bebió despacio, Andrés tomaba el suyo, no había sonidos, solo miradas, miradas de dos personas que se conocían y a la vez se estaban conociendo.
Dos personas con una historia de amor surgida a través de cartas, palabras dibujadas en el papel describiéndolos tal cual eran.
No existe diferencia entre la forma de conocer gente en el medio virtual y la de conocerla mediante una carta como antes.
Simplemente la tecnología inmediatizó el mensaje e hizo que ahora se puedan conocer de manera más completa, cuerpo y voz, pero el fin sigue siendo el mismo: conocer.
Tanto antes como ahora pueden surgir grandes historias de amor y amistad.
Mafiqui
viernes, 23 de noviembre de 2012
Alegria
La alegría agita un retozar de amor
campo agreste de la calma traviesa.
Se escucha frágil, sonido halagador
Mi espíritu nuevo que se expresa.
Se siente fresca, la paz y el candor.
Serena en calma amor se confiesa
Desnudando virgen, matiz del color.
Vida nueva en gran alegría presa.
Grita adentro del arisco corazón.
Su optimismo con estruendo ¡el amor!
Con pujante ímpetu en blando sueño
Dulce capricho de luna y pasión.
Cubriendo lo oscuro de mordaz temor.
En su tino de luces, el ensueño.
Huella
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